OTOÑO EN MADRID


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25 de Septiembre

Entre las tapias
de los claustrales patios
que la ciudad conserva, 
niñas, niños
- pertinaces infantes -
a su aire, alborozados,
corretean.
Pequeños que entregaron
en el primer septiembre 
libertades y sueños a la aventura 
de aprender.
La genuina señal del nuevo otoño.
Madurez que a la vida los años presta
borrando los caprichos;
pátina de esforzadas obligaciones.
Madurez entonada entre ocres, 
madurez adornada de suaves grises, 
perdiendo lentamente
cada rama sus hojas, 
dibujándose tímidas
marcas sobre la dermis.
La mirada algo más 
recogida 
por el peso añadido de los engaños
recibidos.
Remolinos de viento
levantados del polvo
desigualan la suerte de los mortales,
quebrando la esperanza al contemplar
las profanas fisuras del entramado 
de la vida.
Nubarrones que asombran
la aurora del encanto
juvenil.
Y tiemblan a un tiempo
las espesas certezas
de la vida
tan largo sostenidas.
Habrase de sufrir otro otoño
enhebrando deseos
para en él descansar.

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