OTOÑO EN MADRID


                                       1
 

22 de Septiembre

El estío ansía supervivencia
arrollando el bastión del equinoccio,
negándose a morir, negándose a ceder 
al otoño dorado
el debido relevo estacional.

Burla de calendarios.

Como si detener pudiera el hombre
el pasar de los pájaros, 
el correr de las nubes, 
el morir de los huesos.

Festival de soles. Incandescentes 
luces sorprenden pueblos y arden pasiones
en la breve e intensa noche señera.
¿Quién quisiera dejar la juventud
y enterrar los afanes de la experiencia?
Pero habrán de morir;
pasarán del poder a ser recuerdo,
como el baño de sol,
el letargo en la siesta,
el atrezzo del cuerpo semidesnudo.
Todo habrá de dejar paso a las cosas 
como son y serán envejecidas
por el tiempo.

Los recuerdos del ayer, despilfarrando 
de la vida los oros
y hoy aprietan las suertes en desbandada
cabalgando y sembrando apocalipsis
en el alma.

El sol en su dominio haciendo imperio,
la erguida esbeltez del cuerpo joven,
rodando el equinoccio, tendrán su noche, 
y en brazos del otoño
un apuesto 
despertar. 
 

SIGUIENTE

INDICE