EL ESPÍRITU DE LA MATERIA


                                       3

¡Canta!¡Patata, canta!
No te sientas tubérculo hastiado
zaherido del esplendor de las flores
en húmeda tierra baldío.
Forjada en sombras, 
sin luz de soles,
sin la caricia de los vientos,
sin el calor de los colores.
En la espera, callada.
No eres de liviano valor,
no morirás así, a oscuras.
             Concluyó la vigilia.
¡Canta! ¡Patata, canta!
Percibe la carreta, 
arreos,
albarcas de madera y cuero
que se hunden en el surco.
Despierta y conoce
al hombre que saboreó esperanzas
velando tu sueño.
Te preparó una cuna, 
calmó tu sed.
El cielo detuvo el sol;
sobre la cerca una higuera
en la espera contempla.
Dos perros en escena,
la azada alza.
¡Canta! ¡Patata, canta!
Puedes morir al destierro,
puedes nacer a la gloria
pasar a lo eterno.
 

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