DESDE EL SUELO

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Saliendo liberado de aquel lazo

que presa mantenía su entereza,
elevas Creador tanta bajeza
si prestas de tu Cruz fuerza a su brazo.
 
¡No hay cuna como Tú, suave regazo!
recoges en tus manos su cabeza
calmando el dolor y la tristeza.
Nacer sintió volver en este abrazo.
 
El daba vida y alma por perdida;
voló junto a tu pecho -Dios anida
la yaga que nació por una lanza-.
 
Eterna herida yace en Ti abierta,
posada por guarida la más cierta,
que busca el pecador por esperanza.
 
 
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