- SONETOS
DE AMOR
- LIBRO. POESÍA. EN
CASTELLANO.
- 2002 (114 pgs.) (7
euros)
- Distribuidor oficial: LIBRERÍA
BOXOYO.
- Plaza del Conde de Canilleros
s/n, Cáceres.
- Tlno.:927-627286
-
- 100
sonetos de tema amoroso, cincuenta de ellos rimados y otros cincuenta en verso
blanco.
-
-
-
SELECCIÓN:
-
- PRIMERA
PARTE:
- ROJO
-
I
Si
me miras así
-
Si me miras así como
me miras,
-
lograrás que te
quiera, aunque me muera
-
por tener que avivar
en mí la hoguera
-
del amor nuevamente.
Si suspiras
-
-
cuando estás a mi lado
y si respiras
-
el aire que respiro
aquí a mi vera,
-
no podré resistirme y,
comoquiera,
-
te amaré, si de mí no
te retiras.
-
-
Yo no quisiera hacerlo
todavía,
-
pues llevo aún en el
pecho firme y clara
-
una herida de amor que
me devora,
-
-
mas, si no hay más
remedio y tu porfía
-
de nuevo a enamorarme
me obligara,
-
dispuesto estoy a amarte desde ahora.
-
-
-
II
Ayer te pedí pie para un soneto
-
Ayer te pedí pie para
un soneto
-
y tú me diste el tuyo,
apresurada.
-
Mira por donde tu gentil bobada
-
me sirvió a mí para el
primer cuarteto.
-
-
Te insistí que quería
un pie concreto
-
y tú lo descalzaste,
descarada,
-
del zapato, con una
carcajada,
-
y lo acercaste a mí,
libre e inquieto.
-
-
A ese pie juguetón,
desnudo y bello,
-
puesto en mi mano,
debo este terceto,
-
que, entre bromas y
veras, ya concluyo.
-
-
Por burlarte de mí,
sólo por ello,
-
ya verás cómo salgo
del aprieto
-
y termino el soneto, a pesar tuyo.
-
-
-
III
Como
el mar
-
Como el mar,
me deshago entre tu arena
-
diminuta, caliente y
esponjosa.
-
Como el mar, en tu
playa rumorosa,
-
voy dejando de amor la
orilla llena.
-
-
Como el mar, que
bramando recio suena
-
desde la lejanía
estrepitosa
-
con ruido de galerna
vigorosa,
-
me acerco a tu reclamo
de sirena,
-
-
y me transformo en
cadenciosas olas
-
que llegan, cercenadas
por la espuma,
-
a acariciar tu litoral
desnudo.
-
-
Como el mar, inundando
caracolas,
-
vengo, envuelto y
oculto por la bruma,
-
y a tu llamada, pleamar, acudo.
-
-
IV
Quiero, para volar...
-
Quiero, para volar
lejos contigo,
-
las alas de las auras,
la tersura
-
de las olas del mar y
la hermosura
-
del tostado color que
tiene el trigo.
-
-
No te dé miedo el sol,
vuela conmigo,
-
y, abejas labradoras
de dulzura,
-
aleteemos bien hasta
la altura
-
de las estrellas sin
ningún testigo.
-
-
Que arriba, entre la
luz, encontraremos
-
prados de néctar,
libertad sin tino,
-
deleites en perenne
torbellino.
-
-
Y si es preciso nos
abrasaremos,
-
pero volando un vuelo
cristalino
-
en constante y
perpetuo desatino.
-
-
VI
Al aire de tu talle estoy sujeto
-
Al aire de tu talle
estoy sujeto
-
como al cuello del
toro la campana.
-
Hacia donde te gires
hoy, mañana,
-
yo te acompañaré sin
paz ni asueto.
-
-
Por ti, contigo, tras
tu sombra, inquieto,
-
perseguirá mi voz a tu
desgana,
-
enamorado al pie de tu
ventana,
-
hasta quedarme ronco
por completo.
-
-
Podrás, indiferente,
tú ignorarme
-
una vez y otra vez e,
incluso, adrede,
-
encerrarte en tu torre
y no escucharme,
-
-
mas yo te asediaré
hasta que no quede
-
ni un muro en pie que
a mí pueda estorbarme,
-
que, cuando quiere
Amor, todo lo puede.
-
-
X
Al eco de tu voz
-
Al eco de tu
voz vive la mía,
-
suspensa y
siempre atenta a tu llamada,
-
susurro de ala
leve desplegada,
-
veloz jilguero
por tu compañía.
-
-
A tu reclamo
acuden en jauría
-
mis afanes
tras la corazonada
-
que ha de
seguir tu voz enamorada
-
de mis hondos
acentos todavía.
-
-
Llámame
pronto, amor, no te demores
-
que, enjaulado
en la angustia de la espera,
-
me consumo en
sus amplios corredores.
-
-
Dime que vaya
aprisa adondequiera,
-
que han de
volar mis dulces ruiseñores
-
raudos por ti
y veloces a tu vera.
-
-
XIII
Mañana será tarde
-
No te silencies cuando
te acaricio:
-
despliega tu amplio
aroma junto al mío,
-
deja tu labio libre a
su albedrío
-
para buscar su gloria
o su suplicio.
-
-
Exprésate con calma o
con bullicio,
-
mientras yo me enajeno
y desvarío
-
por el caudal oculto
de tu río
-
hacia un profundo y
vasto precipicio.
-
-
Dame todo tu cuerpo y
sus excesos,
-
su turbación, su sed,
su sacudida,
-
y que nada te frene o
te acobarde.
-
-
Que lo que no nos
demos hoy en besos
-
se ha de llevar la
muerte a la otra vida,
-
y, para arrepentirnos,
será tarde.
-
-
XV
En
el espacio mínimo del beso
-
En el espacio mínimo
del beso
-
es donde yo me pierdo
más aprisa.
-
En tu actitud ambigua
e indecisa
-
por donde encuentro el
hueco del regreso.
-
-
En tu mirada esquiva
hallo el acceso
-
a tu pasión equívoca y
remisa.
-
En tu apariencia dócil
y sumisa,
-
mi mayor confusión, te
lo confieso.
-
-
En tu abrazo descubro
el desconcierto.
-
En tu rechazo, un
perentorio anhelo
-
de sujetarme aprisa de
tu brazo.
-
-
En tu sonrisa, un
páramo desierto.
-
En tu desprecio, un
rápido revuelo
-
por quererme fundir en
tu regazo.
-
-
XVII
Al mirarme
-
Ya que al
mirarme como lo haces vas
-
alargándome el
corte de la herida,
-
mírame de una
vez bien decidida
-
y dame, sin
piedad, como me das,
-
-
otra profunda
puñalada más
-
para quitarme
de una vez la vida;
-
que, cuanto
más me mires deseguida,
-
con más
presteza tú me matarás.
-
-
Y no se
aparten ya de mí tus ojos
-
ni se detengan
nunca de mirarme
-
hasta darme,
certeros, bien la muerte,
-
-
para, después
de hacerlo, sin enojos,
-
poder una vez
más resucitarme,
-
mirándome de
nuevo de otra suerte.
-
-
XVIII
Te perderé mañana
-
Te perderé mañana, lo
presiento,
-
con los primeros
rayos. Y tú sola
-
bogarás por el mar
como una ola
-
que va y que viene y
nunca tiene asiento.
-
-
Te alejarás de mí y,
en un momento,
-
enrojecida furia de
amapola,
-
entregarás tu flor y
tu corola
-
a la primera ráfaga de
viento.
-
-
Soportaré tu ausencia.
Todo pasa.
-
No cierres al
marcharte, que el olvido
-
entre a ocupar el
hueco que has dejado,
-
-
que, en cuanto tú
abandones esta casa,
-
todo lo que contigo
había perdido,
-
al irte tú,
lo habré recuperado.
-
-
XIX
Cuando yo me retire
-
Cuando yo me retire de
tu huerto:
-
¿Quién quedará para
regar tu prado?
-
¿Quién será tu
aparcero y tu criado?
-
¿Quién le hará al
limonero un nuevo injerto?
-
-
Cuando yo me retire,
un inexperto
-
se instalará, tal vez,
en tu sembrado,
-
y todo lo que yo había
cultivado
-
lo arruinará en
confuso desconcierto.
-
-
Y volverán avispas y
avisperos
-
a instalarse en tus
árboles frutales
-
y a atosigar las uvas
de tu parra.
-
-
Y se caerán, infectos
de agujeros,
-
los duraznos y pomas
estivales,
-
mientras canta en la
oliva la chicharra.
-
-
XXV
Primavera
-
¡Déjame entrar en tu herbazal florido
,
-
surcar los pastizales
de tu prado,
-
recostarme en su yerba
con agrado,
-
dormirme entre las
matas de tu ejido,
-
-
acariciar el musgo tan
tupido
-
que existe en tu
rincón más apartado,
-
bañarme en tu rivera,
y tu sembrado
-
regar con calma,
luego, agradecido!
-
-
¡Déjame entrar, mujer,
hasta tu huerta
-
donde ocultas tu
tácita azucena!
-
¡No me rechaces justo
aquí a la puerta,
-
-
con este olor a
albahaca y yerbabuena,
-
con esta noche clara y
descubierta,
-
a punto de salir la
luna llena!
-
-
XXVI
Verano
-
¿Por qué en mis
arenales te aventuras
-
y acudes a mi pozo ya
vacío,
-
si ha pasado hace poco
un duro estío
-
y apenas queda agua en
mis honduras?
-
-
¿Por qué arrimarte a
mí siempre procuras,
-
si no lleva caudal mi
exhausto río,
-
y está su lecho
lóbrego y baldío,
-
lleno de lodo, cieno y
piedras duras?
-
-
No intentes acercarte
todavía,
-
que se ha secado
incluso la fontana
-
que manaba, otros
tiempos, a porfía.
-
-
Espera a que el otoño,
cualquier día,
-
vuelva a llenar, con
su lluvia cercana,
-
los veneros de mi alma
ahora vacía.
-
-
XXVII
Otoño
-
Pálida niebla
tras de los cristales.
-
Fina llovizna
halada por el viento.
-
Álamo
aporreando a mi aposento.
-
Aire ululando
helado en los portales.
-
-
Luz fantasmal
de trombas colosales.
-
Mi corazón,
tirado en el cemento,
-
solo, impacto
del líquido elemento:
-
rojo baúl de
duelos primordiales.
-
-
Raudos jirones
malvas por el cielo.
-
Grisáceos
brillos del ocaso esquivo.
-
Helada soledad
siempre a mi vera.
-
-
Parda
hojarasca yerma por el suelo.
-
Niebla
esponjosa del otoño vivo.
-
Niebla en el
alma. Noche. Llueve fuera.
-
-
XXVIII
Invierno
-
Cuajado está de nieve
mi tejado
-
y el carámbano anida
en mi ventana.
-
El frío viento azota,
esta mañana,
-
mi fachada, furioso y
despiadado.
-
-
Solo estoy a la lumbre
acurrucado,
-
escuchando el clamor
de la campana
-
que con su doble
anuncia, ya cercana,
-
que otro mortal el
mundo ha abandonado.
-
-
Sentado estoy, tapado
hasta los ojos,
-
observando las ascuas
de la lumbre,
-
mientras a mis
espaldas, destemplado,
-
-
el aire agita puertas
y cerrojos.
-
Solo estoy ya, aunque
no me acostumbre.
-
Solo sin ti, y mi
corazón helado.
-
-
XXIX
La cita
-
Uno de mis
zapatos boquiabierto
-
ato y coloco
al lado de otro tuyo
-
de terciopelo
rojo. Lo atribuyo
-
a mis manías
de orden y concierto.
-
-
Pongo mantel,
dos flores y cubierto
-
sobre un
velador verde. Distribuyo
-
los platos y
las frutas, y no incluyo
-
champán, que
sé que no te gusta, ¿cierto?
-
-
Espero hasta
que salgas de la ducha
-
y, mientras
tanto, bajo la persiana
-
y voy abriendo
el anchuroso lecho.
-
-
A lo lejos un
hondo tren se escucha.
-
No tengo que
partir hasta mañana.
-
La noche es
amplia. Todo está bien hecho.
-
-
XXXI
Me dijeras que es falso
-
Me dijeras que
es falso si dijera
-
que no te
quiero mucho, cuando quiero
-
morirme entre
tus brazos, y me muero
-
porque de
veras sigas a mi vera.
-
-
No podría mentirte,
aunque pudiera,
-
pues fuera mi mentira
desafuero,
-
que a mí me altera
Amor y yo me altero
-
queriendo que
lo mismo tú me quieras.
-
-
Por ti padezco tal padecimiento
-
que apenas si
mi pena me abandona,
-
siempre
siguiendo el rumbo que tú sigues,
-
-
y, de pensar
en ti, mi pensamiento
-
en pura
desazón se desazona
-
por perseguir
los sueños que persigues.
-
-
XXXII
Barra de bar
-
Media cara en
penumbra. Media llena
-
de tibios
resplandores de luz malva.
-
La cadera
apoyada –casi al alba–
-
en la barra de
un bar. Negra melena.
-
-
En una mano,
ahogándote la pena,
-
que se ve que
en la frente te cabalga,
-
el recipiente
de una copa larga.
-
En la otra,
tronchada, una azucena.
-
-
Llego hasta
ti. Me acerco sigiloso.
-
Rebosa de tus
ojos el regato
-
insondable y
amplísimo del llanto.
-
-
No sé por qué,
me siento deseoso
-
de hablar
contigo, de quedarme un rato...
-
(¡Yo también
sé de soledades tanto...!)
-
-
XXXVI
Inesperado final
-
Pudimos, cuando,
antaño, fue preciso,
-
llenar de miel y
abejas la morada,
-
y gozar del amor, de
madrugada,
-
y de su dulce néctar
sin aviso.
-
-
Mas no supimos ver el
paraíso
-
ni entretejer, de
noche, la celada
-
para atrapar al alba
enamorada...
-
...y hoy seguimos
así... de compromiso.
-
-
Nada salió como yo
suponía
-
ni nada logré hacer
como previne
-
o como habíamos ambos
planeado.
-
-
(¿En dónde
estaba escrito que debía
-
terminar este
amor, como en el cine,
-
con un intenso
beso apasionado?)
-
-
XLIV
Inspiración
-
Suena suave el aire
cadencioso
-
y artificial en un
bello aparato,
-
mientras me refrigera
y, de su grato
-
frescor, inunda el
ámbito espacioso.
-
-
En el ordenador
observo, ocioso,
-
de la pantalla el
blanco y me percato
-
que, aunque lo
intente, nunca tu retrato
-
seré capaz de hacer.
Apenas gloso
-
-
dos cualidades tuyas y
reniego
-
de lo escrito de ti. A
veces creo
-
que es por falta de
paz y de sosiego.
-
-
Otras porque me aturde
el parpadeo
-
que engendra el
monitor y, medio ciego,
-
ya sólo el halo de tus
ojos veo.
-
-
XLV
Pasa
el amor
-
Pasa el amor, pasa la
primavera,
-
como tormenta de
verano, pasa.
-
Llega la calma
haciendo tabla rasa
-
de todo lo que,
antaño, urgente fuera.
-
-
Pasa el verano y la
calor primera,
-
pasa el fragor de los
amores, pasa.
-
Llega la mansedumbre y
pronto arrasa
-
todo aquel fuego y su
pasión certera.
-
-
Pasan los años, pasan
sin clemencia.
-
Del pasado no guardan
ni memoria,
-
borrando los recuerdos
amorosos.
-
-
Pasa la vida, pasa la
apetencia
-
girando, como giran en
la noria,
-
el agua y sus murmullos cadenciosos.
-
-
XLVII
Volver a decir hoy
-
Volver a decir hoy que
es todo tuyo:
-
mi huerto, mi
sembrado, mi besana,
-
mi noche solitaria y
cotidiana,
-
tuyo mi cuerpo entero
y mi amor, cuyo
-
-
repentino arrebato lo atribuyo
-
a esta pasión
profundamente humana
-
y a la obsesión
espléndida y profana
-
de sentir que, de
pronto, me diluyo
-
-
en ti, cuando te
abrazo, y me emociona
-
tu cuerpo cadencioso
al recorrerlo
-
con ansia y avaricia
sobrehumana.
-
-
Volver a ser por ti
otra vez persona,
-
para quizás de nuevo
ya no serlo
-
cuando te vayas, ay,
por la mañana.
-
-
XLIX
No besaré tus labios
-
No besaré tus labios
ciegamente
-
como hace tiempo hice,
enajenado
-
por tu mirar sedoso y
delicado
-
que me dejó aturdido
de repente.
-
-
No besaré tus labios
nuevamente
-
pues, entre labio y
labio, agazapado,
-
con el veneno bien
disimulado,
-
está el amor, como
está la serpiente
-
-
oculta en la espesura
de las flores,
-
dispuesto a
emponzoñarme las entrañas
-
con su astuta y
terrible mordedura.
-
-
No me convencerán tus
seductores
-
ojos y sus secretas artimañas
-
una vez más con su
falaz dulzura.
-
-
L
¿Qué es
el amor?
-
¿Qué es el amor?
¿Quién puede definirlo
-
sin cometer un fácil
atropello?
-
¿Es sutil y enigmático
y, por ello,
-
difícil de explicar y
describirlo?
-
-
Quien lo quiera
aprender ha de vivirlo,
-
pues lo mismo se
muestra dulce y bello
-
que, sin saber por
qué, tira a degüello,
-
y no hay modo ni medio
de impedirlo.
-
-
Nadie que nunca amó
pudo sentirlo
-
ni nadie averiguó cual
es la clave
-
para, cuando se
siente, reprimirlo.
-
-
Quien nunca lo vivió
podrá fingirlo,
-
pero saber qué es y a
lo que sabe
-
sólo quien lo probó
puede decirlo.
-
- SEGUNDA PARTE:
- BLANCO
-
1
-
Qué paciente, qué hermosa, qué serena
-
me pareces hundida en tus quehaceres,
-
arreboladas siempre tus mejillas
-
en pura timidez y en puro fuego.
-
-
Qué torpe soy que apenas si me atrevo
-
a romper tu silencio y tu belleza
-
con este afán, zumbido de avispero,
-
de besarte en los ojos y en los labios.
-
-
Tendrá que ser así, tu por las nubes
-
constantemente huyendo de la tierra,
-
en tu continua búsqueda del cielo,
-
-
Y yo, aquí, silenciosamente casto,
-
observando, abstraído, tus afanes,
-
preso de amor, perdido en tu mirada.
-
-
3
-
Yo soy como el barquero que recorre
-
tu orilla exuberante de carrizos,
-
de juncos, de narcisos, de nenúfares,
-
de sicómoros, mirtos y arrayanes.
-
-
Bogo en silencio, sirgo, te bojeo,
-
halo entre tus marismas y marjales,
-
recorro tu ribera inexplorada,
-
salvaje, densa, agreste, impenetrable.
-
-
Tú te arropas con toda tu maraña
-
de breñas, espesuras y malezas
-
para ocultar tu acíbar oloroso.
-
-
Yo me empeño, te abordo, te profano
-
y entro entre tus manglares procelosos
-
hasta encontrar la clave de mis sueños.
-
-
6
-
Yo busco una mirada donde se mire el cielo
-
con su azul transparente de luces luminosas
-
y no aparezca nunca ni un átomo de sombra,
-
y estás tú, con tus brazos perennemente abiertos.
-
-
Yo busco un sol rotundo, brillante y amarillo
-
que caliente mi cuerpo cansado y mal dormido
-
durante las tormentas de mis cavilaciones,
-
y estás tú, con tu boca de cálidas palabras.
-
-
Yo busco una mañana que no avance deprisa
-
ni se convierta en tarde ni en noche ni en rutina,
-
y allí estás tú de nuevo, con toda tu sonrisa.
-
-
Yo busco un sueño intenso, sólo por mí soñado,
-
donde salten los ciegos desde altos precipicios,
-
y allí estás tú también, para coger mi mano.
-
-
10
-
Tú, dormida en tu sueño de cristales
-
transparentes, azules, misteriosos,
-
flotas, volando, en medio de las nubes,
-
lejos de mí, colgada de los cielos.
-
-
Atareada en tu profundo vuelo,
-
atraviesas el mundo desde el suelo
-
y, aunque quiero seguirte, nunca puedo
-
porque me faltan ojos, alas, naves.
-
-
Pero duerme serena, así varada
-
en el aire sutil, con los neblíes
-
sobrevolando tu celeste ensueño
-
-
y navega tranquila por tus mares,
-
mientras yo, desde aquí, contigo remo:
-
tú por la inmensidad, yo por tu sueño.
-
-
18
-
Sobre las olas leves del estanque
-
flotas como una Ofelia vaporosa
-
en mis sueños de nardos y nenúfares,
-
bogando sobre el agua transparente.
-
-
El viento zarandea tus ropajes
-
de ingrávidas sedosas oquedades
-
y, como amplio velero, tú navegas
-
fantasma blanco, alado, de mi noche.
-
-
Tu trenza de cabellos va dejando
-
una estela de plata por mi frente
-
mientras cierro los ojos a su paso.
-
-
Y tú avanzas, callada y perezosa,
-
diestro cisne impoluto inaccesible,
-
por mi desvelo y mis ensoñaciones.
-
-
19
-
Me acorralas con tantos titubeos,
-
con tantos trinos, risas y palabras,
-
enjambres de cristal azul marino,
-
parloteos de tórtola azorada.
-
-
Me llenas de avisperos los oídos,
-
de cataratas y de mariposas
-
los ojos y la frente cuando giras
-
alrededor de mí contando a gritos
-
-
tus historias de pájaros y peces,
-
de norias y de pozos encantados
-
que yo ni reconozco ya ni entiendo.
-
-
Pero invádeme siempre con tu vida,
-
con tu río de diáfanas cascadas
-
y el milagro total de tu presencia.
-
-
20
-
Te quiero con las manos y los labios,
-
con los ojos cerrados y la frente,
-
con el vientre y el pálpito del cuerpo,
-
como el sol quiere al trigo en el verano.
-
-
Porque eres de greda maleable,
-
de la tierra que se hacen los sembrados
-
donde crecen higueras y olivares
-
y anidan las alondras confiadas.
-
-
Porque se siembra en ti como se siembra
-
en la besana blanda y generosa
-
que, pródiga, rebosa de cosechas.
-
-
Porque tu mies es grano sin argañas,
-
pan candeal, oblea refulgente
-
de luz y de calor que me alimenta.
-
-
29
-
Desnuda eres un cesto de manzanas
-
relucientes y tersas, bien maduras.
-
Eres saboreable como el jugo
-
de una granada abierta y perfumada.
-
-
Desnuda eres sencilla, trasparente
-
como la blanca luz de luna llena
-
reposada sobre las tibias charcas
-
que surgen en el medio de los prados.
-
-
Desnuda eres de pan y comestible,
-
de doradas espigas esponjosas,
-
de menudas frambuesas aromáticas.
-
-
Desnuda te acaricio suavemente
-
y, al recorrer tu cuerpo con mis dedos,
-
comprendo este milagro de tenerte.
-
-
31
-
Tus ojos me transportan a países lejanos
-
en sus barcos cargados de tierra, mar y cielo,
-
que navegan en aguas de mares insondables,
-
perdidos en la bruma de dorados crepúsculos.
-
-
La línea de tus ojos me abraza y aprisiona
-
mi corazón voluble dejándolo aturdido,
-
cofre de íntimos duelos a ti siempre pegado,
-
bálsamo de olorosas esencias curativas.
-
-
Tu mirada es la cueva de todos mis deseos
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y en ella me refugio de duelos y pesares,
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aureola del tiempo, lecho de alas y plumas,
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recuerdos encerrados en auroras de fuego.
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Dependo de tus ojos para seguir viviendo
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porque mi sangre corre, perdida, en tu mirada.
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Eres como la fruta recién hecha
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en la rama del árbol por la noche
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a la que aún no han picado las avispas
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con las primeras luces de la aurora.
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Asombrada de ver el amarillo
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que inunda tus pomares cuando sale
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el sol en su espadaña de los montes,
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sorprendida en la pulpa que te llena,
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eres cereza, lima e indefenso
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racimo de uvas frescas y olorosas,
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expuesta a larvas, pájaros y abejas.
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Roja, amarilla, verde, ensimismada
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en tu tierna dulzura acontecida
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en el misterio de tu primavera.
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Partir lejos, muy lejos, borracho de impaciencia,
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explorar nuevos besos, palabras, latitudes,
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abandonar los libros leídos y olvidados,
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descubrir otros ecos en otros nuevos labios...
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Ni los bellos jardines que reflejan tus ojos,
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ni los profundos mares que surcó mi navío,
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no retendrán ya nunca mi corazón ahogado
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por los arduos desiertos de las noches sin luna.
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Bogar, halar al frente, singlar a toda máquina,
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recorrer mares, millas, capitán o grumete,
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y navegar aprisa hacia remotas playas.
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Dejar atrás sirenas, preocupación, naufragio,
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y avanzar por la estela de plata que promete
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cantos de libertad azul, paz, islas de gozo.
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Te fuiste y has dejado triste mi corazón.
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Desprotegido, yermo, silente, solitario.
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Como un cielo sin luna o una rama caída,
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como un inmenso campo de mieses calcinado...
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Mi aliento está vacío como una caracola,
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como una madriguera recién abandonada,
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como inmensa laguna reseca en el verano...
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Nido sin ave, estepa, puente sin su río...
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Mi boca se rebosa de llantos que no brotan
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de duros. Como pez o palomo o trigo o muro
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arrebatado, herido, segado o derruido,
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mi corazón se encoge en un difícil nudo
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de soledad, más duro y más terrible acaso
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que el desmedido hueco que siento entre mis brazos.
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Sobrevíveme siempre, cuando muera,
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en tu fulgor, en tu aleteo constante.
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Surca los cielos, llénate de estrellas
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y arráncale su estruendo a las campanas.
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Que no se vuelva triste tu mirada
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ni se apodere el negro de tu noche.
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Abre bien los balcones de tu pecho
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y no me busques donde no me halles.
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Que yo estaré donde tu risa estalle,
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donde esté tu verdad, tu paraíso
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y alguien llore secándote una lagrima.
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Y no me añores más de lo debido:
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vive el amor de los que estén contigo
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para que yo no sufra desde el aire.
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¿De dónde te surgieron esas alas?
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¿Cuándo emprendiste el vuelo? ¿Qué milagro
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te transformó en calandria cantarina
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y te enseñó a cruzar, tú sola, el cielo?
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¡Qué transubstanciación tan repentina!
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Ayer, —de eso hace nada— no eras nada,
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esbozo de mujer, simple polluelo,
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y hoy surcas ya las auras con tus plumas.
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Para escapar del suelo no hay caminos
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sino los que conducen a las nubes,
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y para encaramarse en las alturas
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sólo se asciende remontando el vuelo.
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¡Vuela hoy feliz y embriágate de azules,
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antes que te derribe el desconsuelo!
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Música, sólo eso en tus palabras:
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pluma, zumbido, cántico, tonada,
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nada que pese, nada que se pose,
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sólo leves susurros y aleteos.
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Y luego, en un crepúsculo sereno,
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o en un alba de prístinos reflejos,
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el brillo de tus ojos y tus labios
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apenas entreabiertos como brotes.
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Sólo el color, tan sólo los matices,
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la impresión pura y viva sin contornos,
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nunca la forma ni el perfil concreto.
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Del sueño el halo, del amor el celo,
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del ala el vuelo, de la mano el pulso,
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del labio el beso, el resplandor del cielo.
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Corre a mi lado ya, sombra, sospecha,
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presagio, augurio, convicción segura
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de beso, abrazo, fuente, inmenso río
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de suavidad, de mar y de isla múltiple,
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de soñada esperanza, de mañana,
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de noche de albahaca y de jazmines,
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de cansados jinetes sudorosos,
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de penumbra de amor, de luz de luna.
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Abandona tu torre y tu alcazaba,
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presentimiento fiel de colorines,
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zumbido de avisperos, canto puro
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de ruiseñor, arpegio de violines,
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fanal de ascuas ardientes, lumbre, llama,
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y abrásame deprisa con fuego.
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¿Y si el amor fuese una fría daga
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de acero y plata y cortes afilados,
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desgarrándote el alma lentamente?
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¿Y si fuese un cercano precipicio,
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profundo pozo, lanza, piedra oscura,
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violento rayo, noche sin mañana,
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tormenta de ascuas, furia de galerna
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que te golpea la frente a todas horas?
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¿Y si el amor fuese una herida abierta
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sangrándote en el pecho sin medida,
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un tiburón, un lobo, una serpiente
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haciendo presa siempre en tu garganta?
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¿Y si el amor fuese un arroyo ardiente
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y tú sed y paloma y corazón y playa?
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En las tardes de otoño me iré por los caminos,
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bajo los cielos grises celados de tormenta,
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buscando los misterios de los bosques profundos,
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mientras el viento fresco me baña los cabellos.
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En las tardes de otoño, con tu nombre en mis labios
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y en mi cabeza sólo tu lúcido recuerdo,
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recorreré senderos que me inunden el pecho
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de un vigor renovado por todos nuestros sueños.
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E iré lejos, muy lejos, hasta el fondo del valle,
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enredadas las auras y brisas en mi pelo,
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en mis cavilaciones y en estos pensamientos.
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Y avanzaré callado para oír el silencio
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de la naturaleza con sus tenues murmullos,
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perdido por los montes, mecido por el viento.
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