- LA CANTILENA DE SANTA EULALIA.
- ESTUDIO LINGÜÍSTICO ( ...y 2)
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- JUAN JOSÉ CAMISÓN
- Universidad de Extremadura
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- Resumen:
- El
presente trabajo es un estudio estrictamente lingüístico del texto del siglo
IX: La Cantilène de Sainte Eulalie. En él se aborda problemas de evolución
fonética desde el latín clásico y latín vulgar hasta el naciente francés de
la época, y se analizan los entresijos de la lengua utilizada en el texto,
tanto desde presupuestos históricos o etimológicos como morfosintácticos o
formales.
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- Abstract:
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The present work is a strictly linguistic essay on the IX
century text: la Cantilène de Sainte Eulalie. In it, general problems of
phonetic evolution from classical Latín and vulgar Latín to the growing
French of the epoch are approached, along with other hidden and more
involved aspects of the language used in the text, whether from historical
and etymological approaches or morphosintactical and formal ones.
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I
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- El
verdadero problema de la Cantilène de Sainte Eulalie, texto del siglo
IX escrito en Picardie, es decantarse por clasificarlo como un texto de
latín corrompido o hacerlo como un texto dialectal en lengua romance. Y no
vendría nada mal, al respecto, analizar los conceptos y actitudes
lingüísticas de la época para ver las cosas con una cierta perspectiva
histórica antes de abordarlo.
- Algo sí
está claro, y es que, a pesar de las, sin duda, ya enormes variantes de la
lengua latína en el siglo IX en las diferentes regiones en donde se hablaba,
oficialmente, en todo el imperio, se seguía considerando al latín una sola
lengua para todo: para la administración, para la enseñanza y como código de
escritura, sin aceptar que otros hablares estuvieran naciendo. Y eso
duró algunos siglos. En consecuencia, el periodo de formación de lo que,
posteriormente, serán las lenguas romances no debe darse por asentado sino
hasta bien avanzado del siglo XIII. Si bien es cierto que las deformaciones
del latín hablado en cada diferente región forzaron a otorgar a los nuevos
sonidos, nuevos símbolos en la escritura, habría que considerar, con todo,
estas tempranas grafías del romance como una escritura experimental o, en
todo caso, como una variante todavía del propio latín medieval. Prueba de
ello es que, en ningún momento, los que así escribían tuvieron consciencia
de que estaban dando paso al nacimiento de una nueva lengua. De hecho
estaban conviviendo aún perfectamente, sin que nadie se rasgase las
vestiduras, formas clásicas como cantabo o scripsi con formas
perifrásticas ya muy evolucionadas, del tipo cantare habeo o
habeo scriptum, o usos aún sintéticos, tal y como vemos en este
texto: li Deo inimi, lo Deo menestier o li rex pagiens,
al lado de otros analíticos infinitamente más avanzados, como in
figure de colombe. Por ello, y porque una lengua es un sistema vivo
siempre en evolución, no es recomendable suponer que existiera un latín
hasta el siglo IX o hasta el X o hasta el XI o hasta el XII o hasta el XIII,
y, a partir, pongamos, de cualquiera de estas balizas que uno elija, un
francien, totalmente independiente de la lengua madre, sino que sería
más conveniente admitir, consecuentemente, que, al menos durante varios
siglos, ambos sistemas de comunicación convivieron el uno al lado del otro,
o superpuestos, o mejor aún: intrincadamente entretejidos. Que les
Serments de Strasbourg o la Cantilène de Sainte Eulalie utilicen
una grafía diferente del latín para un mismo concepto no supone, tan
radicalmente, que una nueva lengua se hubiese despegado ya por completo del
latín, sino sólo, tal vez, que, en el momento de aparición de dichos textos,
ya existían variantes. Y muchas, como podemos constatar por el abundante
polimorfismo de los textos. De hecho, no se conoce ningún escrito de la
época que hable de nuevas lenguas romances o de las nuevas lenguas
emergentes o resurgentes, ni en Francia ni en ningún otro lugar
en donde se hablase latín, y la única razón es que se trató de un fenómeno
que no fue apreciable y que ocurrió paulatínamente y de forma no traumática,
de igual manera, posiblemente, que el inglés contamina ahora las lenguas
actuales y suple con sus vocablos los que la lengua atacada no utiliza con
igual rotundidad que dicha lengua sajona, sin que nadie, por ello, ponga el
grito en el cielo.
- Sólo
debe considerarse que una lengua ha nacido cuando la que la engendró ya no
es comprensible por sus propios hablantes. Y ese ciclo no se completó en el
latín de Francia sino a finales del XIII, aunque sea indiscutible que
viniera gestándose desde siglos antes de que las variantes morfológicas
ocurrieran.
- Pero
posiblemente hayamos pasado por alto otras consideraciones importantes:
incluso aceptando el hecho de que una nueva lengua estuviese naciendo, no
debe presuponerse que ésta arrinconara de inmediato a su fuente ni que se
prescindiese del latín acto seguido. Casi nunca es fácil deshacerse de quien
te engendra. Y, aunque es posible que, en algunas circunstancias, uno
pretenda rechazar a su lengua madre por comodidad (a veces se hace por
imposición o por decreto) o que se llegue a dejar de utilizar ésta, puestos
in extremis, por desgaste o incomprensión, siempre han de quedar
patentes en el nuevo habla, a manera de invisibles redes de icebergs
sumergidos en el océano morfosintáctico y semántico del idioma que uno
hable, cualquiera que éste sea, las señas de identidad de la lengua madre
que, hace tiempo, la gestó y permitió que saliera a la luz. Y no aportamos
esta idea como recurso romántico, sino como una constatación de la realidad
para llegar a comprender mejor lo que seguiría luego. O sea que, incluso
cuando las lenguas romance estaban ya instauradas en toda Europa con
verdadera carta de identidad, en no pocos campos aún buena parte de la
comunicación seguía haciéndose en latín. Y es que el latín y el romance
convivieron para casi todo durante muchos siglos. De hecho el latín ha
pervivido a nuestro lado en el seno de la Iglesia y otras instituciones
hasta hace bien poco con la misma vitalidad casi que tenía en el siglo VIII
(no somos pocos los hablantes actuales de cualquier lengua romance que, sin
necesidad de pertenecer a la Iglesia ni de retrotraernos a la Edad Media,
hemos tenido la oportunidad de responder aún en latín en el antiguo oficio
de la misa o de utilizar, en otros campos, expresiones que perviven aún en
la jurisprudencia o en la lingüística motu proprio, ad pedem
litterae, gratis et amore, tal y como se dijeron en el latín de hace
muchos siglos...). El latín ha tenido una muerte lentísima y dudamos mucho
que en el siglo IX lo hicieran tambalearse ni siquiera un poco las variantes
que pudieran estar naciendo por Europa.
- Es
presumible suponer, pues, que la nueva morfología que aparece en el texto de
la Cantilène de Sainte Eulalie, más que la de una nueva lengua,
debería considerarse como una simple variante de una misma lengua: el latín.
- Hay
quienes aseguran incluso que los textos primeros en lengua romance, más que
la plasmación escrita de una nueva lengua, son simplemente la representación
fonetizante de un latín que ya se pronunciaba de forma diferente y que, ante
las dificultades de comprensión de los lectores de textos latínos de la
época, tuvo que ser, en un momento dado (Serments de Strasbourg),
escrita de forma fonetizante para que los no instruidos (ilitterati)
pudieran comprenderlo. Los mismos que apoyan esta teoría aseveran que,
estando Sant-Amand, donde la Cantilène fue escrita, en una zona de
transición entre las lenguas germánicas y romances, no hizo otra cosa
Hucbald de Saint Amand, su compositor, que componer en dicho mencionado
sistema fonográfico su cantilène para que fuera comprendida por
todos.
- Pero si
Hucbald de Saint-Amand, al igual que otros escribas, se decidió por una
nueva escritura fue, sin duda, porque (esto no lo podemos negar) ya estaban
ocurriendo ciertos cambios importantes en la lengua.
- Quizás
esta explicación pueda iluminarnos: la Administración carolingia y los
clérigos del Sacro Imperio Romano-Germánico, en su afán europeísta (y de
dominación y control del inmenso Imperio Carolingio), pretendieron una
estandarización del latín medieval, y, al querer unificarlo, lo anquilosaron
y envejecieron, pues tuvieron que crear sistemas comunes para el latín
hablado en toda Europa, de una punta del este a la otra del oeste. En
consecuencia, en algún momento dado, algunos escribas que tuvieron que
optar, para ser mejor comprendidos, por poner por escrito las cosas tal y
como se decían en realidad (y no como era obligatorio en el sistema),
se vieron obligados a utilizar un nuevo código de comunicación, una nueva
escritura que representase realmente los actuales sonidos emergentes tal y
como se decían. Como lo que escribían no era ya la lengua que los teóricos y
la Iglesia seguían llamando latín, hubo que designarlo con otro nombre: y lo
llamaron romance, término al que hubo que adjetivar más tarde
dependiendo del tipo de romance que se interpretase y en qué zona se
hablase. Las deformaciones orales del latín eran tan graves que en el
concilio de Tours, año 813, hubo de tomarse la decisión de obligar a los
clérigos a que predicasen sus homilías ya en estas lenguas para que el
pueblo no tuviese dificultades en comprenderlas.
- Pero
aunque la fonética había sido contaminada por una nueva manera de
decir, la gramática del latín medieval de la época de la Cantilène de
Sainte Eulalie, que seguía constituyendo la base de los escritos,
continuaba siendo subsidiaria, en cuanto a la morfología por lo menos, aún
del Ars Minor de Donato (texto ya con más de cinco siglos de
antigüedad) y, en cuanto a la sintaxis, de las Institutiones de
Prisciano (texto, igualmente, con tres siglos de antigüedad), de manera que
un entramado arcaico seguía inmovilizando a la lengua en cuanto a la
escritura, a pesar de que existiese ya un afán por modificarla oralmente.
-
La Cantilène de Sainte Eulalie
es, en este sentido, un fiel reflejo de lo que está ocurriendo en el latín
en estos momentos. Aferrado a una sintaxis aún latínizada, el fascinante
texto deja volar ya su morfología y su fonética.
-
Éstas nos parecen sus características particulares:
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Teniendo en cuenta los fenómenos fonéticos ocurridos en las
primeras épocas (casi todas las palatalizaciones y diptongaciones provienen
de la época gallo-romana, entre el s. II y el IV, casi todas las
desapariciones de consonantes y de vocales átonas provienen de la época
bárbara, entre el s. V y el VII, y casi todas las debilitaciones de los
finales de las palabras vienen de la época carolingia, entre el s.VIII y el
X) podemos apreciar, como signo fonético más destacable en la Cantilène,
una diptongación constante (bonam>buona, vincere>veintre, renecat>reneiet,
manet>maent, regalem>regiel, precamentum >preiement, nullam>niule, potueret
>pouret, ministerium >menestier, supra>soure, paganus>pagiens, calet>chielt,
fugat>fuiet, focum>fou, concredere>concreidre, capitem>chief, solum>seule,
laxare>laszier, rogat >ruovet, caelum >celum>ciel, totum>tuit, precare>preier,
etc. ), así como una clara tendencia a la sonorización de consonantes
intervocálicas —oclusivas, palatales y velares primordialmente— (plicare>pleier,
precamentum >preiement, minacia>manatce, bellatiorem >bellezour, fugiat>fuiet,
etc), o la reducción inevitable del acusativo (bonam>buona,
pullicellam>poulcella, animam>anima, inimicum>inimi, diauolum>diaule,
consiliarium >conseillier, caelum>ciel, aurum>or, argentum>argent, etc).
-
Con todo, aunque su aspecto fonético o, si se quiere incluso,
visual, contribuyan a que el texto parezca alejarse del latín, formalmente
no está tan distante de lo que hubiera sido dicho pasaje de haber sido
redactado en el latín standard
de la época o, incluso, en el de siglos anteriores.
- Es
cierto que en el supuesto texto dado al pie de página se aprecian
perfectamente los importantes cambios ocurridos en la fonética, pero también
es evidente que la sintaxis no nos resulta ni muy llamativa ni muy diferente
a la utilizada en la Cantilène de Sainte Eulalie.
- Llama,
sin embargo, poderosamente la atención, para ser la Cantilène de Sainte
Eulalie, según algunos, un texto totalmente independiente del latín, la
gran cantidad de ataduras sintácticas que aún mantiene con esa lengua. No se
ha desprendido en absoluto de las construcciones de genitivo: li Deo
inimi / lo Deo menestier o li rex pagiens, ni de las
flexiones de los casos, que aún son perceptibles y perfectamente válidas sin
necesidad de preposiciones: fut presentede Maximien / li Deo inimi /
diavle servire / lo Deo menestier / li rex pagiens / rouvet Krist.
Aunque igualmente sea cierto que ya aparezcan artículos determinados e
indeterminados (no existían aún en los Serments de Strasbourg) : li Deo inimi / les mals conseilliers / la polle /
lo Deo menestier / lo nom chrestiien / la domnizelle / les empedements / enl
fou / li rex pagiens / lo chief / lo seule / la mort / une spede /...
- Del
mismo modo, los adjetivos (pocos, sólo 7) aparecen mayormente aún
antepuestos al nombre, como buona (v.1), bel (v.2), bellezour (v.3), mals
(v-5) y grant (v.18). Sólo 2, regiel (v.8) y chrestien (v.14),
están pospuestos al nombre. Ello reafirma la servidumbre, por no decir la
identidad, que aún guarda este texto con su lengua madre, en la que el
determinante se colocaba siempre delante del determinado. Lo mismo que lo
denuncian otras estructuras adjetivales, como: Deo inimi o Deo menestier,
puramente latínas. Sin embargo habría que señalar que comienzan a aparecer
ya sintagmas en los que la adjetivación está pospuesta al sustantivo:
nom chrestiien, rex pagiens, manatce regiel, figure de
colomb...
-
Por otra parte, la colocación del verbo dentro de la frase
(casi siempre en segunda posición) nos revela un cierto grado de evolución
de la lengua con respecto a las estructuras latínas o a las del texto
dialectal inmediatamente anterior (Serments de Strasbourg, escrito
sólo 40 años antes) en el que la estructura más utilizada es aún con el
verbo en última posición: sicum on per dreit son fradra salvar dift
/ in o quid il altresi fazet / et ab Luther nul plaid numquam
prindrai / qui meon vol meon fradre Karlo in danno sit, tal y
como corresponde a una lengua que aún no se ha despegado del altín. En la
Cantilène de Sainte Eulalie, el verbo, mayoritariamente ocupa ya la
segunda posición, como ocurre en el francés actual: Elle non’t
eskoltet les mals conseillers / chi rex eret / il li enortet
/ quel elle fuiet lo nom chrestiien / ell’nt aduret lo suon
element / qu’elle perdesse sa virginitet / in figure de colomb
volat a ciel / etc. Aunque no sea una norma general y haya aún
estructuras sintácticas en las que el mencionado arcaísmo observado en los
Serments de Strasbourg siga produciéndose: qu’elle Deo raneiet
/ dont lei nomque chielt / elle colpes non avret / la
donnizelle celle kose nont contredist / et a lui nos laist venir
/ etc. Del mismo modo que son abundantes las estructuras con el atributo
o el COD antepuesto al verbo, o con el sujeto pospuesto al verbo, y cuya
indudable atadura aún al latín dejan claramente de manifiesto:
buona pulcella fut Eulalia/ bel avret corps / voldrent la
veintre li Deo inimi / nos voldret concreidre li rex pagiens / qued
auuuisset de nos Christus mercit /...
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En lo que se refiere al valor de los tiempos y los modos en
el texto, tenemos que aclarar que, en esta época, sólo los modos están
definidos, pero no así los tiempos, ofreciendo todos ellos diferentes
valores y siendo adaptados por el escriba a sus necesidades. Así, para la
narración de la acción se utilizan, indistintamente, el perfecto: fut,
voldrent, eskoltet, getterent, coist, , voldret, contredist, volt y volat,
y el pluscuamperfecto de indicativo: auret, pouret y roveret,
mientras que para las explicaciones se prefiere el presente de indicativo:
maent, enortet y chielt, al igual que para la constatación de hechos:
oram. Hay que hacer notar la facilidad con que en la época se podían
mezclar estos tiempos, libertad que, de ninguna manera, sería posible en el
francés actual.
-
Pero, a la hora de la hipótesis, de la presunción, de la
posibilidad, de la conjetura, es el modo subjuntivo el utilizado, aunque,
del mismo modo que ocurría en el indicativo, vertiendo toda su fuerza en el
modo y no en el tiempo, ya que son usados con igual valor tanto el presente
de subjuntivo: raneiet, fuiet, arde, rouvet, degnet, como el
pluscuamperfecto de subjuntivo: amast, perdesse, auuisset, o el
imperfecto de subjuntivo: sustendreiet.
- Sin
olvidar que hay verbos deponentes aún conviviendo con perífrasis verbales ya
bastante evolucionadas.
- En cuanto a las oraciones subordinadas, podemos observar en el
texto que existen de los siguientes tipos, todas ellas aún muy sujetas a
fórmulas latínas:
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De finalidad: Qu’elle Deo raneiet... (v. 6) Omque pleier...
la polle non amast lo Deo menestier. (v.10) Qued elle fuisset lo nom
chrestiien. (v.14) Com arde tost. (v.19) Que por nos degnet preier. (v. 26)
Qued auuisset de nos Christus mercit. (v. 27) Es, cuando menos curioso,
constatar que las oraciones que indican una finalidad estén introducidas por
que (v.6 y v. 26), qued (v.14 y v. 27) o por com (v.
19), y no por pour.
-
De relativo: Chi maent sus en ciel.
(v. 6) Chi rex eret a cels dis soure
pagiens. (v. 12) Dont lei nonque chielt. (v.13).
Donde chi parece ser una grafía dialectal de
qui.
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Comparativas: Qu’elle perdesse sa
virginitet. (v. 17)
-
Completivas: Volt lo seule laszier si rouvet Khrist. (v.
24). Todavía con un uso asindético latíno.
-
Causales: Por o no’s coist. (v. 20).
-
A parte de estos fenómenos, habría que subrayar el abundante
polimorfismo de la época y la libertad grafológica de los copistas (en el
texto que nos ocupa, simplemente para la negación se utilizan las siguientes
estructuras: no’nt (entendido como: non ent, es decir: non
en) (v. 5) / ne, ned, ne (v. 7) / ne (v.8)
/ niule cose non (v. 9) / non (expletivo) (v. 10 y v. 23) /
non (v.19) / nos (v.19) (entendido como: non se /
non) ...
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Si a esto añadimos que pocas veces se respetaba el texto
original (sólo eran respetados los textos latínos eclesiásticos o
jurídicos), dando por sentado que cualquier autor o el amanuense tenía la
completa libertad de adjuntar las aclaraciones que considerase oportunas,
nos encontraremos con que los textos de esta época son susceptibles de
albergar todos los modismos y variantes que el copista o copistas
considerasen oportunos. Como, además, no existe un sistema rígido de grafía
(se da el caso de que un mismo sonido es representado por signos diferentes
al tiempo que un mismo signo traduce sonidos distintos) y que la grafía en
sí es un fenómeno, la mayoría de las veces, puntual y accesorio (la u
y la v se confunden, lo mismo que la j y la i o la z
y la ts, sin olvidar que la x, por ejemplo, representa el
sonido us o el apócope de la primera sílaba de Cristo y
otras rarezas), lo mismo que la puntuación (que no existe: las que hoy vemos
en los textos medievales se deben a los editores), se llegará a la
conclusión que adentrarse en los textos de esta época es, además de
apasionante, aventurarse en los manglares de una selva viva donde uno puede
encontrarse, en el terreno de las mutaciones lingüísticas, casi de todo y a
la vez.
-
Lo que sí es perceptible es el deseo que se aprecia en el
texto de transcribir una particular manera de pronunciar (el latín o, si se
prefiere, la lengua que estuviese surgiendo) de la época y que,
indudablemente, ya no suena completamente a latín. Así escribe coist,
que es una forma dialectal de cuist. Lo mismo que escribe poro
que es, posiblemente, otra forma dialectal alejada del afr. poruec.
Y anota las terminaciones en –s añadidas a ciertas palabras, que
podrían interpretarse como una reducción por enclisis de ciertas formas
pronominales débiles (-s :se; poros: por+o+se; nos:
non+se). Y otras formas de una elucidación mucho más compleja, como la
terminación –nt, que habría que interpretar como –ent, y que
equivaldría al actual en.
(nont: non ent: non en; ellent: elle ent: elle en...).
O el lo del
verso 19, aunque a nosotros nos parece más un simple lapsus por la
que un picardismo para la, como algunos afirman... Muchas
irregularidades, pues, con respecto al latín standard que los clérigos
carolingios pretendían imponer en el imperio. Algo, desde luego, comenzaba a
bullir en la marmita de la lengua latína y no iba ya a parar hasta que el
nuevo caldo rebosase.
-
Lo que nos encontramos en la Cantilène de Sainte Eulalie
es justo el punto de la ebullición lingüística definitiva que conseguiría,
inevitablemente, que el latín caminase por otros derroteros fonéticos bien
diferentes a la lengua oficial. Por ello los textos de esta época no son
nunca ni puramente afr. ni picardos ni wallones ni
anglonormados. En todos ellos hay siempre una fuerte base de latín,
sobre la que existen rasgos particulares de las nuevas lenguas emergentes.
Tal es el caso de la Cantilène de Sainte Eulalie, escrito en un
latín, pero que incorpora ya características picardo-wallonas.
-
Y estas, vamos a llamarlas, perturbaciones de la lengua son
mucho más palpables en la Cantilène que en los Serments de
Strasbourg. No posiblemente por ser la Cantilène posterior en 40
años a los Serments de Strasbourg, sino tal vez por darse la
Cantilène en la aludida zona de transición lingüística, tan influida por
la lengua germánica. Hay quien asegura incluso que más que una nueva lengua,
lo que se aprecia en la Cantilène es una especie de guía fonetizante
para que cualquier tipo de hablante no tuviera problemas de interpretación
cuando, tras el cantoral, se dispusiese a entonarla en la abadía de Saint-Amand.
Algo así como una guía de pronunciación figurada para extranjeros como las
que aparecen en los folletos de viajes.
-
Así las cosas, casi nos dan ganas de suponer el texto de
la Cantilène como una especie de tutorial o corrector fonético
del latín de la época, y no otra cosa. Si hubiera de verdad en él una nueva
lengua (ya hemos insistido que no hay una nueva lengua hasta que la que la
engendró deja de ser comprendida por los hablantes), evidentemente el autor
se privaría de escribir ciertos términos aún en puro latín, y recurriría a
los términos sustitutorios del nuevo código lingüístico emergente. Pero no
lo hace y escribe aún en puro latín: anima, rex, post, clementia, Deo,
Christus, o bajo una forma casi latína: pulcella, bellezour, inimi,
servir, menestier, presentede, eret, dis, soure, empedements, virginitet,
tost, spede, tolir, volt, Krist, oram...). La única razón es que,
tal vez, ni siquiera existiesen todavía formas nuevas para dichas palabras.
- Pues eso. Incomodidad ya en lo hablado con lo prescrito,
deformaciones fonéticas alejadas del canon y de la ortodoxia, sonoridades
nuevas, modernidad en suma. Y por otra parte retención y anquilosamiento de
estructuras gramaticales, intransigencia de la Iglesia y de sus oficiantes a
dejar amarras libres a la evolución, riendas apretadas ante la definitiva
separación lingüística que se avecinaba.
-
-
-
Antes de pasar a un estudio pormenorizado del léxico, nos
gustaría, en aras de la simplificación y para evitar, sobre todo,
explicaciones redundantes, reseñar aquí, aunque sea someramente, las más
importantes transformaciones que, en fonética, experimentaron los sonidos
desde el latín clásico hasta el siglo IX, época de este texto de la
Cantilène:
-
- DEL LATÍN AL LATÍN VULGAR (hasta
el II)
-
Por lo general se da un debilitamiento articulatorio, debido
a que el latín transmitido oralmente no tiene la fuerza interpretativa que
el latín clásico. Es más relajado y eso se aprecia en los cambios fonéticos
que experimenta.
-
En las sílabas libres: la i larga >i breve >e
(mirabilia>merveille, primarium>premier, fri(g)idum<freit); la u
larga > u breve > o (nutrire>norrir); los diptongos
tienden a reducirse (caelum>celum, poena>pena —menos causa que
sigue siendo causa hasta la época de la palatalización—).
-
Hay, igualmente, una pérdida de sílabas débiles, tanto
pretónicas como postónicas (síncopa): maledicere>maldire>maleir; vetulum>vetlu;
viridem >verde; dominum>domnu; positum>poste; además la terminación
–avit>aut.
-
Se produce la contracción de ciertas vocales en hiato:
mihi>mi, cohortem>corte, prehendere>prendre.
-
Desaparece la h aspirada de procedencia griega:
kolaphos>colp, cuando no se transforma en fricativa:
phantasma>fantôme.
-
Hay una reducción o asimilación de grupos de consonantes:
x(cs)>s delante de consonante (sextus>sestus); rs>ss (persica>pessica>
pêche); mb>m,n: en algunas palabras (cambium>change);
ns>s (pensat>pesat>poise); nf, nv> f, v (conventum>couvent);
pt>tt (septem>settem); ps>ss (scripsit>scrissit);
gd, gm>ud, um (smaragdum>émeraude).
-
Se produce, igualmente, una tendencia a la caída de las
consonantes finales: m final (sobre todo después de a,e,i: jam>ja)
o la c final: hic, sic, illac). Se mantiene, sin embargo,
la m en algunos monosílabos: rem>rien.
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- EPOCA GALLO-ROMANA (del II al IV)
-
El latín tiene ahora toda la fuerza de una lengua oficial, se
habla con seguridad, con firmeza. Ello repercutirá ostensiblemente sobre la
pronunciación. Es la época de las palatalizaciones. Los que tienen como
lengua materna otra lengua distinta al latín hacen verdaderos esfuerzos por
reproducir los nuevos sonidos, tal vez sin olvidar los suyos. Éstos son sus
cambios más importantes:
-
Por influencia de la lengua germánica (warayen>garer,
wardon>garder), algunas fricativas iniciales se transforman en oclusivas
(vespa>guepe, vipere>guivre)
-
La r y l finales de algunas palabras son
reforzadas con una e paragógica (insimul >insimule >ensemble/
presbyter > presbytere >prestre/ antecessor >antecessore >ancêtre/ seior >seiore
>sire), de igual manera que aparece una e protética en
palabras comenzando por s+consonante (sponsa>esposa>épouse , scolae>escole>école).
-
Se producen epéntesis en grupos consonánticos de difícil
realización (nr, mr, ml) (ten(e)rum >tenrum >tendre/ num(e)rum >nomre
>nombre/ tremulare >tremlare >trembler).
-
Lo mismo que se produce la diptongación de e breve y
o breve libres (pedem>pie/ caelum>kelu>ciel/ febrem>fievre/
melius>mielyus/ integrum >entier, o bien nocet>nuoydzet nuit/ bovem>buove).
-
- EPOCA BARBARA (del V al VII)
-
Esta época de confusión y cambios se verá representada por
unas transformaciones radicales en la lengua:
-
Descomposición de las palatales: c>ts>tz/
k>ts.
-
Palatalización de c+a (capra>chèvre, canem>chien),
salvo en picardo que siguen siendo k: (caballum>queval,
canem>quien)
-
Espirantización de la b y la g intervocálicas (parabola>paraula,
habutum>eu, nuba>nue, debet>deift o ruga>rue, augustum>aost).
-
Sonorización de todas las consonantes sordas entre vocales (caput>cabo,
ripa>ribe, tropare>trouver, lupa>loba>louve o vita>vida, maturum>madur>maur
o placere>plaisir, locum>logo>lieu, necare>negar>nier, amico>amigo, ami
o causa>chauze o deforis> dehors).
-
Se da una debilitación de ciertas consonantes implosivas (factum>fait,
obscurum >oscur, debita >dette, testimonium >tesmoin).
-
Una simplificación de geminadas (cappa>chape, abbatum>abé,
illa>ele, mittere >metre).
-
Una debilitación de vocales: a) iniciales, por aféresis o
síncope (íllum murum>illúm muru>lu mur/ éssere habet>essére hat>sera/
quiritare>cridare>crier). b) pretónicas y postónicas (comitem>comte/
mobilem>mueble/ quadrifurculu >carrefour/ desiderare >desirer/ imprumutare >emprunter/
ministerialem >menestrel/ caballicare>chevauchier).
-
Se produce igualmente una debilitación de vocales finales,
que al ser más resistentes que las pretónicas o postónicas, son las últimas
en caer y, debido a ello, nunca trabaron a las vocales mencionadas por haber
dejado a la sílaba precedente terminando en una consonante. De entre todas,
las desaparecidas más fácilmente son la e, i, u en palabras
paroxítonas y proparoxítonas (cléricum>clercum>clerc, ásinum>asne,
cúbitum>coude, púllicem>puce).
-
Es en esta época también cuando la a pasa, antes de
caer, por e (perdat>perde>perd, cantat>chante>chant).
-
Es el momento de la reducción del diptongo: au>o (causa>chose)
-
Y el paso de a>e detrás de palatal en sílaba libre (caballu>cheval,
capillum>cheveu)
-
También la diptongación de e, o, a libres (habere>aveir,
amore>amour (en provenzal) y ameur, manet>maent).
-
- EPOCA CAROLINGIA (del
VIII al X)
-
En esta época, hay una relativa estabilización de la lengua,
del mismo modo que hay una relativa estabilización de la sociedad.
-
Cabría, no obstante, destacar la reducción de triptongos (negat>nieyet>nie/
mercedem >mertsyeide >merci/ jacet >dzyaidzet >gist/ nocet >nuoidzet >nuit/
doleo >duoylo >duol) y la reducción de grupos difíciles de
pronunciar (hospitalem >hosptalem >ostel/ femina >femna >feme/ captiare >chaptiare
>chasser/ fratrem >fredre >frere)
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-
III
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- CANTILENE DE SAINTE EULALIE
- (Manuscrito del siglo IX de la biblioteca de
Valenciennes, nº 150, fº 141 vº)
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1 Buona pulcella fut
Eulalia:
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2 Bel auret
corps, bellezour anima.
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3 Uoldrent la ueintre li
Deo inimi,
-
4 Uoldrent la
faire diaule seruir.
-
5 Elle no’nt
eskoltet les mals conselliers
-
6 Qu’elle Deo
raneiet, chi maent sus en ciel,
-
7 Ne por or
ned argent ne paramenz,
-
8 Por manatce regiel ne
preiement;
-
9 Niule cose non la pouret
omque pleier
-
10 La polle sempre non
amast lo Deo menestier.
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11 E por o fut presentede
Maximiien,
-
12 Chi rex eret
a cels dis soure pagiens.
-
13 Il li
enortet —dont lei nonque chielt—
-
14 Qued elle
fuiet lo nom christiien.
-
15 Ell’ent
aduret lo suon element:
-
16 Melz
sostendreiet les empedementz
-
17 Qu’elle perdesse sa
uirginitet.
-
18 Por o.s
furet morte a grand honestet.
-
19 Enz en.l fou
lo getterent com arde tost:
-
20 Elle colpes
non auret, por o no.s coist.
-
21 A czo no.s
uoldret concreidre li rex pagiens;
-
22 Ad une spede
li roueret tolir lo chieef.
-
23 La
domnizelle celle kose non contredist:
-
24 Uolt lo
seule laszier, si ruouet Krist.
-
25 In figure de
colomb uolat a ciel.
-
26 Tuit oram que por nos
degnet preier
-
27 Qued auuisset de nos Christus
mercit
-
28 Post la mort et a
lui nos laist uenir
-
29 Par souue clementia.
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-
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TRADUCCIÓN
- (Para
una traducción más literaria, consultar: Juan José Camisón: SANTA EULALIA DE
MÉRIDA EN UNA CANTILENA FRANCESA DEL SIGLO IX, en Cuadernos de Filología
francesa, nº 15, Universidad de Extremadura, Cáceres, 2003)
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- 1
Eulalia era una buena muchacha:
- 2
Hermoso tenía el cuerpo, más hermosa el alma.
- 3
Quisieron doblegarla los enemigos de Dios,
- 4
Quisieron hacerla servir al diablo.
- 5 Ella
no escuchó a los malos que le aconsejaban
- 6 Que
ella renunciase a Dios que está en los cielos,
- 7 Ni
por oro ni plata ni joyas,
- 8 Ni
por amenaza real o súplica;
- 9 Nada
logró doblegar
- 10 A la
joven a que dejase de amar los asuntos divinos.
- 11 Y por
eso fue traída ante Maximiano,
- 12 Que
era rey por entonces de los paganos.
- 13 Él le
aconseja –en lo que ella nunca cae–
- 14 Que
abandone la fe cristiana.
- 15 Pero
ella sigue venerando sus creencias.
- 16 Antes
soportaría el martirio
- 17 Que
perder su virginidad.
- 18 Por
ello murió con gran honor.
- 19 La
arrojaron al fuego para que se quemase enseguida:
- 20 Pero
como no tenía culpas, no ardió.
- 21 Al ver
esto, el rey de los paganos no quiso prorrogar el asunto:
- 22 Le
mandó cortar la cabeza con una espada.
- 23 La
doncella no puso objeciones:
- 24 Deseosa de abandonar el mundo, a Cristo se encomienda.
- 25 En
figura de paloma subió al cielo.
- 26 Todos
le pedimos que se digne rogar por nosotros
- 27 Para
que Cristo tenga piedad de nosotros
- 28 Y nos
deje llegar a él, después de la muerte,
- 29 Por su
clemencia.
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-
IV
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