CRISTO DEL AMOR

(Pertenece a la Hermandad Penitencial del Stmo. Cristo el Amor de Cáceres)

 

fOTO: JUAN j. CAMISÓN

La Imagen:

El Cristo del Amor es un crucificado devocional, de tamaño algo más pequeño que el natural, de pasta dura moldeada, policromado convenientemente, con ojos de cristal y paño de pureza de escayola. La dulzura de los rasgos, asi como la concepción del momento iconográfico de la agonía: ojos completamente abiertos y expresión excesivamente dulcificada, armoniosa y suave, obligaron a la Cofradía a intensificar sus rasgos para hacerlo más soportable artísticamente y sobre todo para equilibrarlo con las otras dos imágenes procesionales (dos impresionantes tallas del siglo XVI y XVII:  El Cristo de las Penas y Ntra Sra. de la Caridad). Por ello fue necesario oscurecer toda la policromía y añadirle efectos drámáticos (ojeras, magulladuras, escoriaciones, moretones, contusiones). Se le despojó de la cursi filacteria de escayola con el INRI y se le sustituyó ésta por una tabla natural donde figura en arameo, en griego y en latín el motivo de la crucifixión. Asimismo se le tapó el soso paño de pureza con una tela de lino y se relió ésta con una soga para endurecer la imagen. Y se prescindió de las potencias de lata que llevaba en la cabeza. Cualquier esfuerzo en este sentido siempre daría buenos resultados, como se demostró más tarde. Además se le colocó una corona natural de espinas y se le añadieron a la cruz cantoneras de plata, para llevarlo un poco hacia la estética andaluza. Con todo ello se consiguió transformar una imagen de no mucho gusto y valores artísticos en uno de los Cristos más admirados por los cacereños, aumentando ostensiblemente su expresividad y su belleza. 

 

El Equipo de Restauración:

JUAN J. CAMISÓN
SERGIO BEJARANO

 

Los Sonetos:

TANTO AMOR LLEVA AÚN EN LA MIRADA
 
¡Tanto amor lleva aún en la mirada
que, de haberle ya abierto su costado,
amor seguramente habría brotado
al desgarrarle el pecho la lanzada!
 
¡Tanto amor en su voz convulsionada
que, de poder hablar, enamorado,
de amor seguramente hubiese hablado
su boca por la hiele emponzoñada!
 
¡Tanto amor en sus manos afanosas
clavadas, sin embargo, a ese madero...!
¡Tanto amor en sus sienes temblorosas... 
 
que, al verlo, desespero, peno y muero
por no poder mis cuitas presurosas
deshacer tan terrible desafuero!
 
JUAN JOSÉ CAMISÓN
 
CRISTO DE AMOR TODO HECHO
 
Cristo de amor todo hecho:
que el amor de tu mirada
me persiga trecho a trecho
y halle en mi cuerpo morada.
 
Y el amor que de tu pecho
brotó tras la cruel lanzada
inunde el blando barbecho
de mi alma enamorada.
 
Que quiero de amor llenarme
y ahogarme en amor divino
y en puro amor abrasarme.
 
Que quiero que mi destino
sea el de a tu cruz abrazarme
hasta el fin de mi camino.
 
JUAN JOSÉ CAMISÓN

 

 
ME COSTÓ ABRIR LA HERIDA DE MI PECHO
 
Me costó abrir la herida de mi pecho
a tu constante voz de enamorado.
Me sorprendiste cuando, descuidado,
noté que nuestro amor dabas por hecho.
 
Yo Te marqué distancias, mas del trecho
conseguiste Tú hacer campo abonado
para sembrar en él inmenso prado
que no dejara tregua a mi barbecho.
 
Con el amor explícito en tu mano
inundaste de amor mis soledades
y germinó mi inhóspito altozano.
 
Desconcertado en mis fecundidades,
me convertí en tu amante cotidiano,
perdido ya entre tus complicidades.

JUAN JOSÉ CAMISÓN

ME PUEDEO ACOSTUMBRAR
 
Me puedo acostumbrar al dolorido
lamento de mi pecho desolado.
Me puedo acostumbrar. Ya lo he probado
y sé que soy capaz. Ya lo he vivido.
 
Puedo porque Te tengo ya asumido
y he aprendido a afrontarte desarmado,
sin corazas ni yelmos, sosegado,
mirándote a los ojos, complacido.
 
¡Cómo he podido estar tan sordo y ciego
para no ver ni oír que aquí a mi lado
estabas Tú calmando el puro fuego
 
de mi constante herida, y preparado
a procurarme sin tardar sosiego
para mi corazón desbaratado!
 
 JUAN JOSÉ CAMISÓN
 
HE VIVIDO DURANTE TANTOS AÑOS
 
He vivido pendiente tantos años
de mi sed absoluta por la vida,
que por saciar mi ansia desmedida
zozobré en ríos de inmensos desengaños.
 
He recorrido atajos muy extraños
para encontrar respuestas enseguida
y no he hallado al final de la partida
mas que hieles amargas y hondos daños.
 
¡Qué torpe fui al buscar en la espesura
una mano presuntamente cierta
que guiase mi boca hasta la pura
 
y cristalina fuente de una huerta,
estando Tú insistiendo con premura
para aplacar mi sed, justo a mi puerta!

 JUAN JOSÉ CAMISÓN

JUAN JOSÉ CAMISÓN

VOLVER