Todo lo que vengo diciendo desde hace años es la
pura verdad: La Odontología podría realizarse de forma más sencilla e
infinitamente más económica, y no sólo esto sino algo mucho más importante. A consecuencia de esta sencillez y economía el público tendría
fácil acceso y por tanto se evitarían
numerosas enfermedades generales
derivadas de una situación deplorable de la mayor parte de las bocas.
Estoy hablando de los españoles (situación
que conozco naturalmente parcialmente y
por las manifestaciones de mis compañeros
a través de revistas etc.) y así por Ej. No es extraño que en los
hospitales nuestros estén horrorizados con el aumento de cánceres de boca.
Algunas de las personas que han seguido con fidelidad la información que les vengo suministrando desde mi Pág. Web (Ya que el libro de 300 Págs. Prácticamente no se vende, a pesar de su precio ridículo) Les habrá extrañado, digo, que hace mucho tiempo que no escribo sobre odontología. “Claro, llevo muchos años jubilado” y los asiduos o se han marchado de esta ciudad o van tomando nuevas posiciones olvidándose hasta de la guía que se les ha ido proporcionando durante años, es lógico, soy un viejo dentista.
Pero hace bien poco, entre
los pocos creyentes que aún poseo, ha venido una A.T.S que trabaja en un centro hospitalario del
Norte, la cual me cuenta lo siguiente: -Carlón, quiero que
sepa lo que me ha ocurrido en el sitio
que trabajo para que Vd. se informe de los enemigos que tiene. Un
compañero suyo en una inspección de mi boca
me dijo que tenía la necesidad imperiosa de quitarme los ll empastes que
tengo desde niña. ¿Por qué? le
contesté, si a mí no me duele nunca la boca, ni siento el frío, el calor, ni el
dulce... Él me contestó: es que el mal
reside debajo de esos empastes...
Puedo afirmar y afirmo que este “profesional” es
un auténtico sinvergüenza, puesto que no habiendo realizado radiografía alguna
(claro que con mis empastes precisamente ya pueden hacer las radiografías que
quieran) y careciendo de síntomas clásicos de dolor al frío, al calor y a los
alimentos dulces no puede profesional
alguno hacer un diagnóstico tal, a menos que quieran, o bien aprovecharse de
una renovación de los empastes, (probablemente él mismo) o bien se fijó en un empaste que yo le había hecho
de niña en un 6 inf. D. Algo desgastado
el vidrio y silicato en derredor de una bolita de composite
excesivamente calentado buscando
gran dureza en el soporte central
tomando por aquel entonces un color café muy destacable y que pudo pensar que era el famoso dentista
de León al cual es necesario
desprestigiar de todas maneras, pues este tonto nos estropea la profesión, ésto
no lo puedo asegurar en este caso, pero si puedo colegir por otros testimonios
que sí me consta son ciertos. Sé que
silencian mis adelantos técnicos
“Muchos profesionales que están al tanto de estas cuestiones”. Algunos realizan mi procedimiento pero no
le comentan y menos que se trata de mis
hallazgos, cuestión que no me importa, lo importante es que realicen empastes
sanos y curativos. Lo que les interesa
es que los realizan en un minuto
y que no les proporcionan accidentes posteriores desagradables, y los
cobran como si fueran composites, pero como digo tantas veces impera la ley del
silencio. Una técnica mejor, económica y rápida no interesa.
Hechos como éste, gravísimos, sirven
de acicate, de estímulo, para seguir adelante. Gracias a los visitantes de mi
Pág.Web en número aproximado de los 125.000 es posible que se difunda. El
lema es Salud bucal y algunos de sus artículos vienen traducidos al
francés, inglés y chino. Amables
visitantes de esta página difundan estas ideas
pues estamos laborando por una sanidad
mejor y una más sana situación
mental. “Páselo”. Un abrazo.
León
13-Marzo-2.005
Dr. Carlón