Eugenia de Montijo y yo

 

Eugenia de Guzmán, (se llamaba también así), era hermana de la Duquesa de Alba. El de Alba, como sabemos, es uno de los títulos nobiliarios más importantes y más conocidos por los españoles. Es raro la semana que los medios de comunicación y especialmente la prensa del corazón no nos hablan de ellos. Lady Holland escribió que entre las damas de la nobleza española llevaba la palma por su ingenio, su entendimiento, su sátira, y su facilísima réplica.

Nació en Granada en el nº 12 de la calle de Gracia, donde por cierto existe una lápida de mármol que dice: "En esta casa nació la ilustre Sra. Dña. Eugenia de Guzmán y Portacarrero, actual emperatriz de los franceses".

Ya con muchos años, cuando quedó ciega, no quería que se compadeciera nadie de ella, de forma que guiaba por la casa a los demás, derribando muebles, golpeándose contra las paredes, pretendiendo incluso pasar por las puertas cerradas. Todo menos confesarse vencida. Toda esta descripción está hecha por el marqués de Villa Urrutia en l932. He leído su libro muy por encima, pues de haberlo hecho con meticulosidad hubiera muerto en el intento, tal es el número de marqueses, condes y condesas, lo mismo de aquí, que de Inglaterra o Francia, que a pocos o a ninguno puede interesar, sin embargo espero dar unas pinceladas de lo más característico y anecdótico de la egregia dama. Y si no, miren por ej. Una de las cartas fechada en Madrid en dic. 1840... "... no tenemos amigas, pues las muchachas madrileñas son tan tontas, que sólo hablan de modas, y para variar hablan mal unas de otras". Digo yo que poco cambian los tiempos, pues salvando algunas excepciones hoy en día sucede lo mismo, entre la Tv. Y la prensa más leida, sólo se habla de trapos, deportes y otras zarandajas por el estilo y nosotros los hombres poco más o menos nos encontramos en idéntica situación.

Casó Dña. Eugenia en su momento con el Emperador Napoleón III de todas las Francias. Dicen de él los médicos que asistieron a su nacimiento, que vino al mundo antes de tiempo, así que siendo tan enteco y enclenque le bañaron en vino (muy curioso esto del vino y sus numerosas aplicaciones actualmente) y no sólo hicieron ésto sino que le envolvieron entre algodones, todo ello para que viviera.

Un poco más tarde aquel niño se convirtió en Emperador y puso asedio a Eugenia, locamente enamorado de ella, utilizando toda clase de argucias y ardides para rendir la voluntad de la rica hembra española, guapa como ninguna, y descendiente de Guzmán el Bueno, pues así lo manifestó cuando pasó por Tarifa, indicando a una de sus damas: "...voy a pasar por aquí donde vivió un familiar mío". Fíjense en este detalle para lo que les contaré a continuación.

Guzmán el Bueno, que defendió Tarifa de los benimerines, dijo aquella frase del puñal mientras lo arrojaba que todos conocen (y que algún envidioso o mal intencionado dice que como los vientos en aquella zona son tan intensos que tal vez se lo arrancó de la mano).

El Ayuntamiento de París votó para cuando se casase 600.000 francos de aquellos, el objeto era regalarla un collar de brillantes, que ella rehusó, rogando que esa enorme suma se empleara en obras de caridad.

 

Cuando se proclamó la república francesa tuvo que huir en su coche de caballos, y peregrinó por todo París pues nadie le quiso dar cobijo. Fue en un momento determinado cuando se acordó de un colega americano, su dentista Thomas Evans, quién con mucho riesgo y valentía la llevó hasta el canal de La Mancha, donde tomó un pequeño yate, que no se hundió por que Dios no quiso, tal era la bravura del mar aquel día que se hundió nada más y nada menos un buque de guerra británico, "El Captain", y sin embargo fue respetada la cascarilla en que viajaba Eugenia, que al fin arribó por la noche felizmente a Ryde, isla de Wigt.

Años más tarde de su larga estancia en Inglaterra, vino a España ciega y después de ser operada con acierto por el gran oculista barcelonés Dr. Barraquer, se fue encantada de la vida a su Andalucía querida, para admirar con deleite sus queridos paisajes, y para leer todo lo habido y por haber, por ser una consumada lectora, así que leyó como decía ella todo lo que no había podido leer en muchos años. Pero al poco tiempo como los años y las enfermedades no perdonan, murió apaciblemente.

¿Y por qué les cuento hoy esto?. Pues por que, el que les habla, es por parte de madre, Mercedes Guzmán Ruiz, descendiente de Dña. Eugenia y por tanto de Guzmán el Bueno.

¿Que creen que voy de farol?. Pues aguanten un poco para oír lo que sucedió en el seno de mi familia:

En Oviedo, durante la guerra civil española, vivíamos en una buena casa de la calle principal, Uría, y era una casa tan buena, tan buena, que tenía unos sótanos enormes, de aquí que fueran estos sótanos los elegidos por el ejército en la ocasión del sitio y defensa de Oviedo para colocar un polvorín, que saltó un buen día y nos quedamos con un montón de escombros, dándose la casualidad que entre ellos alguien encontró entre unos secantes rosados, protegidita, una póliza importante de vida que estuvo pues aislada durante mucho tiempo de la humedad principalmente...

En resumidas cuentas nuestra vida en Oviedo terminó, mi madre Mercedes Guzmán Ruiz tenía familia en Valladolid, fue entonces cuando comienzo a tener noticias y saber algo más sobre la familia de mi madre: Las "Tres hermanas Guzmanas", mis tías, que por cierto una de ellas fue condecorada con la medalla de sufrimientos por la patria, pues había perdido entre la guerra de Africa, y ahora la española del 36, nada menos que cuatro hijos y uno más, aviador, resultó mutilado, siendo todos ellos jefes militares. Un hermano de mi madre, de Sanidad militar, además de cirujano experto, hombre comunicativo, simpático, culto, liberal, que llegó a general y que yo con mis propios ojos he visto de paisano claro en el verano, bien con un melón o con una sandía bajo el brazo pasear por la acera de Recoletos. !Tanto le gustaba la naturaleza¡, que él llevaba dentro de sí un labrador.

Un buen día le oí decir al general que nosotros descendíamos de todo un famoso como fue Guzmán el Bueno, como es sabido héroe de Tarifa, defensor de la plaza de Tarifa contra los Benimerines. Entre l.256 y l.309 Sancho IV le nombró alcalde de Tarifa. Aquello lo oí como de pasada. ¿Quién era el guapo que les decía a mis amigos los castellanos, "los cazurros", lo que me habían contado, mi ilustre linaje, con la fama que tenía de asturiano fantasioso, lo que faltaba?

También conocí a unas Guzmanas, primas de mi madre, pequeñucas, arrugadas por los años, solteras, feuscas. Decía mi madre que una de ellas había sido de las más guapas de Valladolid, por cierto hace unos años el famoso actor y humorista Casen, hablando en una entrevista, dijo que él tenía unos recuerdos imborrables de Valladolid pues se había pasado con una de estas tres hermanas, María concretamente, un mes inolvidable. ¡Por Dios!. !Qué pesadas con la edad se habían vuelto¡. Se colocaban una y otra al lado de tus orejas y con rapidez de tableteo de metralleta te volvían loco con dos conversaciones distintas a la vez. En Navidades, lo recuerdo bien, me preparaban una mesa con bandeja de plata fina, con mantel impoluto de encaje, y un vasito pequeñísimo de talla fina con un dedo de licor, y al lado dos trocitos de turrón de dos clases. Tenían un piso enorme de aquellos que había en Valladolid con muebles de buena calidad, pero nada de otro mundo. Un buen día, una de ellas (bajando la voz) me dijo: "ven, Manolo, que te enseño una cosa". Abrieron una habitación cerrada con gruesa llave, y ¡Oh maravilla! Un salón enorme se iluminó de pronto, cegando mis ojos de tanto brillo y esplendor; en el techo preciosas y enormes arañas de cristales de roca emitían irisados colores, una gran mesa ovalada con sabor isabelino y tallas más bien rococó, naturalmente con toda la madera recubierta de panes de oro. Una sillería de la misma época, a los lados divanes preciosos, vitrinas con porcelanas, bellísimas cornucopias, apliques, espejos, etc. todo ello impecable a pesar de su antigüedad. Parecía que allí jamás se había sentado nadie en una silla de aquellas ni había pisado la enorme y rica alfombra, excuso decir que no me atreví a dar un solo paso y todo lo vi desde la puerta ligeramente entreabierta. ! Quien podría atreverse a osar, a profanar aquel santuario de belleza¡. Se apagaron las luces y todo resultó un breve momento, pero que aún hoy pasados los años parece que lo estoy viendo. Muchas veces me he preguntado: ¿De dónde había venido tanto mueble con piezas museables? ¿Tal vez fue el hermano médico soltero que tenía esa afición? O tal vez procedía de la casa palacio que tenían en Cisneros de Campo frente la iglesia de San Facundo (monumento nacional). Un palacio con dos escudos señoriales de los Guzmanes que siempre estaba cerrado, al parecer en una de sus paredes está pintado el árbol genealógico de mi familia.

Podría decirles otras muchas cosas que avalarían de forma fehaciente que yo soy un descendiente genuino de Eugenia y por tanto de Guzmán el Bueno, y por si se sonríen Uds., o no les importa, les diré algo así como lo que decía a mi mujer una conocida suya al encontrarse repetidamente comprando en un mercado de León: -¿Cómo vas así, en zapatillas?, ¿No tienes algún reparo?. A lo que respondía indefectiblemente: - pues por que voy cómoda y no por eso dejo de ser la Sra. de Don... (Un Director, o un profesor famoso de esta ciudad ya fallecido).

Si algún colega leyera ésto diría: "Mira éste con las que viene ahora", Pues yo no puedo hacer, ni decir otra cosa. Vive desde hace 50 años en el lugar de nacimiento de Guzmán el Bueno. !Que coincidencia tan simpática¡, y como único descendiente, espero que los periodistas vengan, pues si vienen de uno en uno, y ya de paso les hablaré de mis inventos silenciados. ¿Sería una buena oportunidad no les parece?.

M.Carlón Guzmán

León Mayo 2004

Nota: He omitido algo importante: Mi abuelo materno D. José Guzmán fue director de la famosa Academia de Caballería de Valladolid, Fue coronel gobernador militar de la misma ciudad hacia finales del S. XIX.