ALCOHOL Y VIOLENCIA

Tenemos un concepto equivocado sobre los enfermos mentales, creyendo que los descubrimos al primer golpe de vista o durante una conversación prolongada y no es así, mas bien la mayor parte de ellos son incluso agradables y simpáticos, en una palabra, gente normal.

Son los familiares o las personas que conviven con ellos día a día los que perciben actitudes, variabilidades de conducta del carácter, e incluso son objeto de sus violencias en un momento determinado. Situaciones totalmente desproporcionadas ante una contrariedad por mínima que sea, haciéndolos pensar esta persona está cada día más loca.

Las estadísticas sobre el número de alcohólicos, a mi juicio son a todas luces falsas. Que son millones de eso no nos cabe la menor duda. Si una persona viene embriagada un día sí y otro también, esta situación la percibe hasta el más lerdo, pero al lado de estos estados de extrema gravedad, existen personas que beben mucho más de lo necesario de las que no tenemos ninguna referencia y que incluso la propia persona alcoholizada sabe que padece esta terrible enfermedad.

Muchas veces ante contrariedades propias de la vida se refugian en la ingestión de unas copas que les hace olvidar de momento sus penas, olvidando el pasado, también el futuro y por tanto viviendo un estado de felicidad que pronto deja de serlo. La imitación a similares situaciones tienen en el cine admirados maestros, existían y aún existen numerosas películas donde se pasan el tiempo bebiendo.

Un alcohólico, un dependiente de este tóxico es un enfermo mental y además peligroso, pues en un momento determinado es capaz de los mayores dislates, sus neuronas, sus finísimas conexiones neuronales se han ido deteriorando de tal suerte que la recuperación de su enfermedad es difícil, los centros de recuperación hacen auténticos milagros.

Estoy convencido, cada día más, que aunque las causas que conducen a esas violencias que terminan en ocasiones con muertes son varias y diversas (drogas, ludopatías etc.) es sin duda el alcoholismo la principal, y no se me ocurre pensar en este momento que ante un tribunal no debería ser eximente de ninguna clase sino más bien agravante, pues es una situación adquirida, el sujeto en cuestión así lo quiso. ¿Quién a estas alturas no sabe de las consecuencias que trae el pasarse en la toma de alcohol?

En estos momentos en que se multiplican los luctuosos sucesos, me parece que no es cuestión de multiplicar la acción policial, este fenómeno de estos días es un fenómeno de contagio, que nos debiera de recordar en cierta manera los sucesos repetitivos que se dan en ocasiones en los pueblos con los suicidios, que no parecen sean casualidades.

¿Solución a estos graves problemas? De momento y por un tiempo imposible solucionarlo, lo que sí podría ser factible es el ir educando a la población infantil con sabiduría, evitando no sólo este grave problema sino otros de idéntica o parecida categoría. Hoy estos niños están inmersos en una sociedad excesivamente libre y permisiva, que nos está conduciendo a una bancarrota con dificilísima vuelta atrás.

Acabo de leer que en Castilla y León el 35 % de los niños entre los l4 y l7 años toman alcohol en cantidades importantes. ¿Podemos seguir con los brazos cruzados? Unos más que otros, pero todos somos responsables de este estado actual, equivocado totalmente que nos conduce inexorablemente al abismo.

Dr. Manuel Carlón Guzmán

León, Marzo del 2004