Mis primeros contactos con el humo fueron en Oviedo. Estoy hablando de la calle de Uría, donde vivía y donde cruzábamos la calzada cientos de veces al día, donde jugábamos hasta el anochecer a justicias y ladrones y puede que hasta a la gallina ciega... igual que ahora, asomas la nariz por un descuido o bajas un poco el pie y «zas» ya te lo han «segao». Enfrente de mí casa había un puesto de cucherías regentado por Eladia (una viellína con aspecto de bruja, desaliñada, con los pelos largos y lacios que la caían sobre los pasteles milhojas y las manzanas roxias que con un palito y untadas de caramelo, apetecían un montón. Siempre había avispas, muchas avispas, mí padre médico me lo tenía prohibido y yo suspiraba por las manzanitas con el palín, coetáneas del pirulí de La Habana y precursoras del chupachús actual. Al lado de la chapucera tienda. «Sí, hombre, estoy hablando de la calle de Uría»... había un «prao», llamado la bolera, allí al lado de la tapia de la Estación del Norte había unas seves, donde nos guarecíamos y en cuanto a mí, la familia no podía vigilarme; allí encendí mis primeros cigarrillos de «Yerba»... bueno de semillas secas que en el prado había en abundancia; en ocasiones fumábamos cigarrines auténticos, chorizados en los cajones de una mesa de mi padre, pediatra que no fumaba nunca y que los asturianos -generosos siempre- se empeñaban en regalarle puros y cajetillas. Tan sólo había una en excepción el día de su santo, venían otros familiares, tales como D. Aniceto Sela (ilustre sabio asturiano -viene en las Enciclopedías-). Me acuerdo que tenía una venerable figura con unas largas barbas blancas, yo le vi en Salinas, donde tenían una enorme finca, coger los sapos en cualquier parte, meterlas en bolso (como se dice en asturiano) y desparramarlas por la huerta-jardín... sus hijos José (para la familia Pepín), ingeniero jefe del Puerto de Avilés, su hermano Luis (decano de la Facultad de Derecho)... pues bien, siempre se empeñaban en lo mismo. Manuel, tienes que fumarte un rico Habano de los tuyos... indefectiblemente todos los años a medio puro, comenzaba a sentirse mareado y a la cama...
Como existe tanto asturiano en León les diré donde vivía, es fácil, en la Revolución de Asturias en el 34, nos pusieron una bomba en el ascensor y casi se quema la casa. Fueron los mineros por aquello de la «lucha de clases». Y ya en el 36 los defensores de Oviedo colocaron un «polvorín militar» en los sótanos de la casa y un buen día voló y nos quedamos «a verlas venir». Por cierto en la Revolución del 34 supe lo que era «el vicio». Arreciaban los tiros, desde el Naranco, la biblioteca de mi padre, parecía un colador... los libros saltaban hechos añicos y no tuvimos otra opción que bajar al sótano, los víveres escaseaban y los regulares no llegaban... Los de Saenz de Miera creo que se llamaban (fabricantes de harinas), no tenían tabaco, estaban nervios excitados... Mi madre hizo un comentario en voz baja, yo creo que ni¡ marido (entonces estábamos sin mi padre y mi hermana mayor, y yo era un guaje) tiene unos puros... No bien hubiera pronunciado estas palabras, cuando los de Míera «que les importaba la vida» subieron a todo gas, hicieron acopio de todo el tabaco que pescaron. «Es Vd. nuestra madre». Sra. Vd. es... mientras con ojos de perro agradecido y con lágrimas en los ojos, miraban arrobados a mi madre; picaban los puros haciendo cigarrillos «guardaban las colillas para el futuro»... era cómico y para mi, fue un curso, una enseñanza más.
Creo que cuando voló nuestra casa, murió de la onda expansiva y el gobernador civil, entonces estábamos todos nosotros en el pueblecito de Cisneros de Campo, donde nació mi padre y de donde es el ministro Zapatero.
Milagrosamente, entre las ruinas de nuestro piso en el 36, aparecieron unas pólizas de Seguro (entre dos secantes, que les preservaron de la humedad) que me permitieron una vez en Valladolid terminar el Bachillerato y hacer la carrera de Medicina por entonces fumaba muy esporádicamente. En una ocasión y presenciando en el Anfiteatro de Anatomía la apertura de un cadáver, al abrir el tórax, salió de el mismo (al parecer se trataba de un fumador) un hedor, tan insoportable, que subí a lo alto de la ventana y respiré hondo, hondo y juré no volver a fumar nunca más. Son impresiones estas que sin duda van marcando. En Madrid haciendo algunas asignaturas de sexto de Medicina y la Carrera de Odontología, que si acabé, no fumé nada. Y ya para acabar y completar las tribulaciones de un pequeño fumador a través de su vida. León 45 años o más de ejercicio.... Me hice socio del Recreo Industrial (sección de ajedrez). Cómo se fumaba en el Recreo «madre cómo se fumaba». Yo no podía ser menos... llegué hasta los 6 cigarros diarios «un auténtico récord». Y yo dando consejos en mi clínica... no podía ser... reconozco que utilicé las argucias más infantiles, tales como tirar la cajetilla en lo alto del armario y retrasar el deseo, ser un gorrón, la cosa es no llevar la cajetilla (como dicen en mi tierra) «en bolso». «La voluntad no da pa tanto». Recuerdo una partida de campeonato de ajedrez en que mi contrincante, que se fumaba dos cajetillas, sí, sí, uno tras otro, pero depende mucho de la rapidez de la chupada... que de pronto desaparecía envuelto en humo y parecía el hombre invisible. ¿Estrategia, para marear al contrario... nerviosismo, o tal vez hacer bailar a las neuronas? Lo indudable es que la nicotina excita. Fruto de mi lucha, son los 20 años sin fumar, después de haber roto más de un cigarrillo con rabia y no fumarlo (es un buen sistema). Pues bien, por cuanto ahora me entero por una revista médica que los fumadores padecen en menor proporción la enfermedad de Alhzaimer o demencia senil. Madre, con los que conocemos.
Buena disculpa esta. Pues a quién no le gusta echar un pito de vez en cuando, en una boda, en una comida suculenta... Bajo mi prescripción facultativa, una forma intermedia... tres cigarrines diarios después de las principales comidas así puede que no tengas la «demencia» y puede que no cojas enfermedades coronarías o pulmonares, etc., pero cuando yo estaba más contento, vienen noticias en el periódico, la nicotina en la patata, la berenjena, la coliflor. «Esto sí que es bueno» con las que comí yo en mi vida, con lo que me gustan, sólo falta que añadan los garbanzos y las fabes y a morir.
Nada, me planto en los tres cigarrillos, y si sobrevivo a esta, ya se lo contaré. Amén.
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